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El martes 24 de febrero, bajo el título “Familia y formación cristiana en el Colegio”, Jorge Enríquez sj, reflexionaba sobre el binomio Familia-Colegio y el papel transmisor de valores cristianos de estas dos instituciones.

Hoy en día, el concepto de familia está lejos de la definición clásica. En una sociedad distinta, que ha sufrido grandes cambios y sigue haciéndolo a ritmo vertiginoso, el concepto de familia se convierte  en una definición dinámica, donde “la familia somos las personas que compartimos la vida bajo el mismo techo”, concluyó.

Antes, mediante la exposición de datos estadísticos, nos presentaba un panorama sobre la familia en la última década, periodo que ha visto una disminución drástica del número de matrimonios (civiles o canónicos), el aumento de separaciones o divorcios o el aumento de la media de edad para casarse, entre otros. Factores que condicionan muchos aspectos de la realidad de la familia hoy en día, donde  la tasa de reemplazo queda muy por debajo de los límites de crecimiento, generando entre otros aspectos el envejecimiento de nuestra sociedad. Se trata de una situación inédita.

En un país donde la mayoría de la población se declara católica no practicante, se concluye que España es un país indiferente a la religión. Pero paradójicamente, ante la pregunta de si tuviéramos algún hijo/a lo bautizaríamos, un gran segmento de la población sí lo haría.
¿Por qué hacemos esto? ¿Está la Iglesia preparando bien?

Cuando estamos en familia, ¿hablamos de fe en casa?, ¿o delegamos en el colegio?
Jorge nos anima a seguir las pautas de las “Historias, ritos y ejemplos”. En la actualidad seguimos contando historias de Jesús, de su obra o su identidad, cuando estamos en familia. Los ritos son situaciones cotidianas a las cuales deberíamos otorgar más importancia: Nos santiguamos, bendecimos la mesa juntos, una oración de la mañana…  En familia, nuestros hijos valoran mucho más el ejemplo que los contenidos, sobre todo en periodo de la preadolescencia. Y no hay mejor ejemplo que uno/a mismo/a. Para llevar a cabo estas prácticas será necesario educar en el silencio, lejos de tablets, televisiones, móviles, etc. Que están muy bien, pero no deben copar los momentos familiares.

Por supuesto que la escuela es un gran elemento transmisor en la fe, compartiendo esta misión de la mano de las familias.

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